En nuestro universo de juego todo es posible

Los niños aprenden jugando las particularidades de su entorno concreto y la singularidad de la naturaleza. Es una experiencia valiosísima ir más allá de la imagen bidimensional del papel y la pantalla y tocar algo, para descubrirlo y experimentarlo con algo más que la vista. En este proceso, el hábitat natural puede proporcionar un marco para un mundo imaginado en el que un gato y un perro compartan un hogar amorosamente. Conforme el niño crece y la ilusión por jugar sigue siendo la misma, también progresa el aprendizaje.

El juego natural proporciona al niño una referencia saludable a la realidad que, sin embargo, siempre puede y debe atravesar con su imaginación. Por eso es importante para la creatividad y la imaginación que la granja ecuestre del norte de Alemania no sea de uso exclusivo de las vacas, los cerdos y los gansos. También los pingüinos o el oso perezoso pueden hacerse amigos y son bienvenidos con los brazos abiertos. Los niños desarrollan la conciencia de que rara vez verán esta combinación única en la vida real, pero ignoran este hecho conscientemente y así aprenden a estar abiertos a lo nuevo. Se fomenta el pensamiento libre y el desarrollo del carácter individual, mientras se mantiene la prioridad en que los ojos de los niños brillen con alegría. Somos conscientes de estos valores y por eso ponemos el máximo cuidado, corazón y voluntad en el diseño de nuestros animales para crear una conexión única que perdure toda la vida y que haga a los futuros adultos recordar una infancia sin preocupaciones.

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